viernes, 19 de diciembre de 2014

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La verdadera razón por la que empecé a estudiar física cuántica fue por una intriga existencial. Cuando niño teniendo unos 8 años recuerdo que jugado con un amigo empezamos a discutir quien tenía más no se qué cosa… Yo le dije 10! El dijo 20! Yo dije 30! El dijo 50! Yo dije 1000! 100 mil dijo él, y creyendo terminar con la discusión dije 1 millón, pero mi amigo sabía, no se rendía así nomas; el dijo 2 millones, así pasamos por todos los millones hasta que llego el billón con todos sus billones y por fin pude decir con mi último aliento en tono burlón y victorioso: INFINITO!!!  Había dado por cerrada mi magistral clase de numerología, cuando me dice en un tono simple y natural: Infinito punto negro. Ahora sí finalizado el asunto puso la pelota en el suelo y la hizo rodar para jugar. Yo me quede parado, absorto, tratando de encontrar un número mayor, pero no tenía más nada que agregar, me quede en silencio, no solo me ganó sino que puso en descubrimiento mi ignorancia, ese número no lo conocía, la vergüenza y la humillación no me permitieron sacarme la duda ni con él, ni con mis padres, ni en el secundario sobre tan extraño número. Esto quedo tan grabado en mi inconsciente que, como les decía, me llevo a estudiar física cuántica, carrera que termine hace unos años. Un mes atrás aproximadamente este recuerdo salió a flote y caí en la cuenta que era un físico cuántico y no sabía que era ese bendito: INFINITO PUNTO NEGRO!!!
Inmediatamente caí en una crisis de angustia que me llevo a encerrarme en mi casa. Mi esposa con mucha preocupación y sin saber lo que me pasaba le decía a cuanto conocido cruzaba en la calle que vaya a visitarme para levantarme el ánimo. Pero todo había sido inútil hasta el día de hoy que me lleve una sorpresa: adivinen quien vino a visitarme? Imaginaran! Mi amigo de la infancia pero archi-recontra mega enemigo en numerología.
Decidí recibirlo y comenzamos a hablar de que había sido de nuestras vidas en todo este tiempo. No contare de todo lo que hablamos, tan solo les diré que en determinado momento le pregunte a que se dedicaba y él me conto que trabajaba en una fraccionadora de maní, y que el trabajo se le estaba haciendo muy rutinario.
- Te imaginaras (me dijo), ver pasar por una cinta transportadora maní y seleccionas los mejores, al cabo de unos minutos ya habrán pasado cientos y luego miles, con los días son millones, billones por mes. Saca la cuenta ¡No terminan de pasar más! ¡SON INFINITOS!  
Parecía una burla del destino, al principio creí que había venido a hacer alarde de su sabiduría numerológica, este pensamiento me angustiaba más aún que me lo dijera a mí, un físico cuántico, pero que no sabía que era el infinito punto negro, ni el rojo, ni el azul… pero por suerte no nombro dicho punto y pude percatar en su mirada que solo contaba la rutina de su trabajo.
Después dijo como si nos hubiéramos visto todo este tiempo con un tono simple y natural: esta noche jugamos al fútbol, nos falta uno, queres venir?. Aceptada la invitación se retiro.

Gabriel Montesino Cuevas
                                                    

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