La verdadera razón por
la que empecé a estudiar física cuántica fue por una intriga existencial. Cuando
niño teniendo unos 8 años recuerdo que jugado con un amigo empezamos a discutir
quien tenía más no se qué cosa… Yo le dije 10! El dijo 20! Yo dije 30! El dijo
50! Yo dije 1000! 100 mil dijo él, y creyendo terminar con la discusión dije 1
millón, pero mi amigo sabía, no se rendía así nomas; el dijo 2 millones, así
pasamos por todos los millones hasta que llego el billón con todos sus billones
y por fin pude decir con mi último aliento en tono burlón y victorioso:
INFINITO!!! Había dado por cerrada mi
magistral clase de numerología, cuando me dice en un tono simple y natural:
Infinito punto negro. Ahora sí finalizado el asunto puso la pelota en el suelo
y la hizo rodar para jugar. Yo me quede parado, absorto, tratando de encontrar
un número mayor, pero no tenía más nada que agregar, me quede en silencio, no
solo me ganó sino que puso en descubrimiento mi ignorancia, ese número no lo
conocía, la vergüenza y la humillación no me permitieron sacarme la duda ni con él, ni con mis padres, ni
en el secundario sobre tan extraño número. Esto quedo tan grabado en mi inconsciente que, como les decía, me
llevo a estudiar física cuántica, carrera que termine hace unos años. Un mes
atrás aproximadamente este recuerdo salió a flote y caí en la cuenta que era un
físico cuántico y no sabía que era ese bendito: INFINITO PUNTO NEGRO!!!
Inmediatamente caí en
una crisis de angustia que me llevo a encerrarme en mi casa. Mi esposa con
mucha preocupación y sin saber lo que me pasaba le decía a cuanto conocido cruzaba
en la calle que vaya a visitarme para levantarme el ánimo. Pero todo había sido
inútil hasta el día de hoy que me lleve una sorpresa: adivinen quien vino a visitarme?
Imaginaran! Mi amigo de la infancia pero archi-recontra mega enemigo en
numerología.
Decidí recibirlo y
comenzamos a hablar de que había sido de nuestras vidas en todo este tiempo. No
contare de todo lo que hablamos, tan solo les diré que en determinado momento
le pregunte a que se dedicaba y él me conto que trabajaba en una fraccionadora
de maní, y que el trabajo se le estaba haciendo muy rutinario.
- Te imaginaras (me
dijo), ver pasar por una cinta transportadora maní y seleccionas los mejores,
al cabo de unos minutos ya habrán pasado cientos y luego miles, con los días
son millones, billones por mes. Saca la cuenta ¡No terminan de pasar más! ¡SON
INFINITOS!
Parecía una burla del
destino, al principio creí que había venido a hacer alarde de su sabiduría numerológica,
este pensamiento me angustiaba más aún que me lo dijera a mí, un físico
cuántico, pero que no sabía que era el infinito punto negro, ni el rojo, ni el
azul… pero por suerte no nombro dicho punto y pude percatar en su mirada que
solo contaba la rutina de su trabajo.
Después dijo como
si nos hubiéramos visto todo este tiempo con un tono simple y natural: esta
noche jugamos al fútbol, nos falta uno, queres venir?. Aceptada la invitación
se retiro.
Gabriel Montesino Cuevas

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